La procedencia de una obra de arte es el registro de todos sus dueños, comenzando con el artista que la creó y terminando con su propietario actual. La procedencia juega un papel fundamental en la autenticación de una obra de arte, ya que permite rastrear su historia a lo largo del tiempo.
Para las obras de arte contemporáneas, la procedencia suele ser relativamente sencilla. Generalmente, sigue un recorrido directo desde el artista hasta una galería, y de allí pasa a un coleccionista. Sin embargo, para las obras más antiguas, rastrear la propiedad se vuelve más complejo. Cada cambio de dueño debe estar bien documentado, y la procedencia debe ser continua: no puede faltar ningún eslabón.
Cuando la procedencia está completa y sin interrupciones, la obra de arte casi se autentica por sí misma. Lo que queda es confirmar que se trata de la obra original y no una copia. Esto se puede lograr mediante varios métodos, como datar los materiales, utilizar fotografía especial, hacer radiografías, examinar fotos antiguas y realizar investigaciones exhaustivas.
Las obras de arte más antiguas suelen tener una historia global, habiendo pasado por diferentes países debido a guerras, revoluciones o crisis económicas. Esto complica la investigación de la procedencia, ya que los registros pueden estar dispersos por varios países.
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